Sentir inseguridad a la hora de hablar o sobre tu acento no es algo que solo le pasa a quienes recién empiezan a aprender: ¡también puedes sentir inseguridad o ansiedad al hablar tu primer idioma! 

¿Alguna vez te señalaron que dijiste algo incorrecto en el idioma que mejor conoces? ¡Es algo que sucede todo el tiempo! Muchos hablantes de inglés dicen que nunca se debe terminar una oración con una preposición y aún así lo hacen (como en la oración Who are you talking to?, “¿con quién estás hablando?”). En francés, es común corregir a alguien que dice que va au coiffeur (“a la peluquería”) en lugar de chez le coiffeur (“a la [casa] del peluquero”). Y en español, no es raro escuchar que alguien conjugue el verbo haber en subjuntivo como haiga en lugar de haya.

¡Si conoces algún otro idioma que no sea inglés, francés o español, seguramente también te has topado con actitudes similares! 

¡Lo cierto es que estas “reglas” son completamente arbitrarias! 🤯 De hecho, algunas formas de hablar consideradas “incorrectas” en un idioma son la única forma en la que funciona la gramática de otro idioma. Un ejemplo de esto es la doble negación. A los niños que aprenden inglés siempre les dicen que nunca deben decir I didn’t do nothing (“No hice nada”) sino I didn’t do anything, pero en español la oración funciona con doble negación: No hice nada.

Por otro lado, la versión más prestigiosa del francés siempre usa doble negación, como en Je n’ai rien fait (“No hice nada”). En este idioma, usar una sola negación, como en J’ai rien fait, es algo común, pero reservado para las formas habladas o informales. ¡Sería muy extraño encontrar esta oración en un artículo académico o en un discurso político!

Entonces, ¿por qué elogiamos ciertas características de los idiomas y criticamos otras? ¡Vamos a descubrirlo!

Cuando hablamos de idiomas, ¿qué está “bien” o es “correcto”?

En general, la versión del idioma que se considera “correcta” es aquella utilizada por quienes están en el poder: a menudo, poblaciones blancas, hombres, gente de clase alta o una combinación de estos factores. No es que los poderosos eligieron una forma específica, lógica y bonita de hablar, sino que su forma de hablar, sea cual fuere, se vuelve el “estándar”. Luego, con el paso del tiempo, este estándar puede conservar su lugar durante décadas o incluso siglos, aunque la forma en la que la gente habla cambie constantemente.

Las “reglas” que conocemos de cada idioma suelen provenir de ese estándar de prestigio, pero de hecho hay dos tipos de reglas: aquellas que las personas usan para decirle a los demás cómo hablar y aquellas que describen cómo una comunidad usa el idioma.

Las afirmaciones a continuación (que son las que mencionamos antes en la publicación) son ejemplos de reglas para decirle “a los demás” cómo hablar. Veamos en detalle cada una para entender cómo romper estas “reglas” no es tan grave, y que no es menos lógico, preciso o correcto que seguirlas:

  • ¡No termines las oraciones con una preposición! Esta “regla” de hecho pertenece a un obispo que quería que el inglés fuera más como el latín. El problema es que el inglés no es una lengua romance y que no hay una buena razón por la que colocar una preposición al final de la oración sea peor que en otro lugar. Además, la mayoría de las oraciones que terminan con una preposición, como
    What were you talking about?
    (“¿De qué estabas hablando?”) suenan mucho más naturales para los hablantes de inglés que sus versiones reformuladas (
    About what were you talking?
    ), incluso si esas son las versiones supuestamente “correctas”.
  • Chez le coiffeur, chez le médecin, etc. Chez significa básicamente “en la casa de [alguien]” o “en su casa”. La regla proviene de tiempos antiguos en los que las personas solían vivir y trabajar en el mismo lugar, por lo que si ibas a la peluquería o al doctor, ibas literalmente a sus casas. Probablemente esto no ocurra en la mayoría de los casos hoy en día, ¡así que tanto
    chez le médecin
    (“a la casa del doctor”) como
    au médecin
    (“al doctor”) tienen sentido!
  • Haiga vs. haya. Este es un ejemplo de un cambio analógico: los hablantes aplican las reglas de una palabra a otra similar. Tal como sucede con las formas irregulares del subjuntivo
    traiga
    y
    caiga
    , se empezó a aplicar la terminación -aiga al verbo “haber”. Hay registros de uso de “haiga” del siglo XVII ¡y además solía ser ampliamente aceptado!

¡Las explicaciones sistemáticas y estructuradas como las de arriba demuestran que todo idioma encaja en un sistema gramatical, incluso cuando creemos que se rompe una regla. Por ejemplo, en español el estándar es pronunciar todos los sonidos “s”: para decir buenos días, la mayoría de los dialectos pronuncia la “s” al final de cada palabra. Sin embargo, en algunos dialectos, en especial en el Caribe, es común que los hablantes no pronuncien muchos de los sonidos “s” según la letra que venga después. Si prestas atención a Bad Bunny (que es de Puerto Rico) y cómo pronuncia “buenos días”, notarás que a veces “se come las s”. Este tipo de cambio no solo es común en varios idiomas del mundo, ¡sino que es lo que ocurrió en el francés!

¿Cómo nos afecta lo que creemos de los idiomas?

Nuestros prejuicios sobre los idiomas están arraigados en la política, cultura y experiencia de vida, que se combinan para dar forma a nuestra manera de interactuar con personas que usan distintos dialectos e idiomas. ¡A pesar de ello, no todos los prejuicios son malos! Por ejemplo, si creciste escuchando una variedad de acentos, quizás te resulte más fácil entender acentos que nunca antes has escuchado.

Sin embargo, los prejuicios sobre idiomas también pueden conducir a la discriminación lingüística o maltrato hacia las personas que usan el idioma de forma diferente. A veces, esta discriminación es disfrazada como humor o una pequeña broma, pero la estigmatización de dialectos puede tener consecuencias reales para quienes los usan. La percepción negativa sobre cómo habla una persona puede afectar las políticas educativas, el salario anual e incluso el acceso a la vivienda. Y, a causa de las estructuras de poder desiguales, los dialectos utilizados por comunidades de color e inmigrantes a menudo son catalogados como “no estándar”. Con el tiempo, muchos de estos estereotipos afectan desproporcionadamente a las comunidades de color y/o inmigrantes. 

Los prejuicios lingüísticos pueden conducir a numerosos ciclos de inequidad, desde la falta de oportunidades educativas hasta prácticas salariales injustas. Esto puede ser desalentador, ya que sabemos que en su mejor versión, los idiomas pueden (y deben) fomentar la curiosidad acerca de nuevas comunidades y ofrecer una nueva manera de formar lazos empáticos con familiares, colegas y vecinos.

¡Los idiomas están conectados a la identidad y expresión!

Nuestra forma de usar el idioma refleja quiénes somos. La forma en la que alguien habla está conectada a su identidad, como el lugar donde creció y la cultura del lugar donde creció.

Las creencias o prejuicios que alguien tenga acerca de características específicas de un idioma pueden ser positivas (por ejemplo, “¡Vaya, me pregunto si es del sur como yo!”), negativas (por ejemplo, “Uf, usó esa palabra de una forma distinta… ¿Puedo confiar en lo que dice?”) o neutrales (por ejemplo,  “Ah, esa es una palabra que no escucho a menudo” 🤷).

En efecto, alguien puede percibir una misma característica como algo positivo, negativo y también neutro, según quién está usando esa característica, a causa de sus prejuicios. Los creadores de contenido afroamericanos que usan inglés afroamericano han señalado que tienen menos repercusión (menos vistas, comentarios, me gusta y compartidos), lo que puede implicar menos ingresos por publicación. Sin embargo, los creadores de contenido blancos son capaces de usar características lingüísticas apropiadas del inglés afroamericano para aumentar su repercusión. A causa de los prejuicios lingüísticos, las mismas características pueden ser vistas como algo positivo en algunas personas y no en otras. Y, nuevamente, vemos que ese privilegio para establecer el estándar de qué es correcto y qué no, y para usar cualquier dialecto, está reservado para aquellos en el poder (en este caso, hablantes blancos de inglés).

Ser hablante de un dialecto que se percibe como “no estándar” no siempre es algo que las personas pueden simplemente desactivar (¡y no debería ser necesario que lo hagan!). Tu idioma es una parte importante de lo que hace que tú seas tú, así que es lógico sentir que te insultan, degradan o incluso deshumanizan cuando estigmatizan o roban parte de tu identidad.

Entonces, ¿qué podemos hacer?

Ahora que hablamos con claridad sobre la dura realidad de los prejuicios lingüísticos y la discriminación, probablemente te estés preguntando “¿qué puedo hacer?”

  • Desarrolla conciencia. ¡Desarrollar conciencia sobre la desigualdad que existe en los idiomas es el primer paso! Aumentar la percepción del tema puede ayudar a reducir las percepciones negativas sobre los dialectos no estándar. ¡Estas percepciones negativas están arraigadas en nuestra sociedad y la mayoría de las personas ni siquiera se da cuenta! Así que comparte esta publicación con tus amigos y familiares y tómate el tiempo de reflexionar sobre los prejuicios que tú podrías tener. 
  • Investiga. ¿Hay algún acento o dialecto particular con el que tengas una conexión o te interese? Aprender sobre las complejidades de los diferentes dialectos puede abrirte el camino para entender la diversidad lingüística, ¡así que investiga diferentes dialectos (a través de fuentes confiables) para entenderlos mejor! 
  • Confía en tu curiosidad. Como alguien que aprende idiomas, debes tener en cuenta la variación lingüística, incluso al momento de aprender un nuevo idioma. Quizás te encuentres con hablantes de distintos países o regiones que hablan tu nuevo idioma en una forma distinta a la que estás aprendiendo. En lugar de señalar las diferencias como si tú estuvieras hablando “bien” o “mal”, debate sobre las diferencias. ¡Quizás tú y esa persona puedan aprender algo nuevo! 

La verdad es que cada hablante particular tiene una experiencia de vida distinta que contribuye a la forma en la que habla su(s) idioma(s). Además, nadie cumple con los “estándares” en todo momento para todas las características. Así que, la próxima vez que escuches un dialecto o acento diferente, en lugar de hacer suposiciones sobre ese hablante, ¡maravíllate con la belleza de la variación lingüística!